Luis Manuel López
Dos finlandeses definen el título Raikkonen, parando a Hamilton y Kovalainen deteniendo a Masa. Así de simple, así de sencillo. Ahora…¿Cómo le hacemos para que el campeonato, ¡por favor!, lo decidan sus protagonistas? No lo neguemos. La gente quedaría agradecida con la Fórmula Uno si este fin de semana sale el más inspirado Lewis Hamilton y borra de golpe la oposición de Ferrari. O bien, si el magnético Felipinho sacude finalmente todas las telarañas que se atan a su pasado, y logra conseguir lo que nadie: ganar Brasil y ser campeón del mundo. El escenario ideal de la carrera sería: Masa haciendo una valerosa carga, tras arrancar desde el sexto lugar, pasando violentamente a cuantos enemigos tuviera enfrente y cruzando la meta en primero. Pero, ¿Kovalainen, estará fuera de los seis primeros en Interlagos? No lo creo. El piloto dos de McLaren tiene auto y manos para sacar una gran vuelta de calificación que lo lleve a la primera o segunda línea. ¡Qué Felipe se cuide! Y, ¿qué tal si en una de esas Lewis Hamilton llega al domingo con la pole, habiendo barrido antes a todos sus oponentes. British dominium, exclamarían. Sin embargo, nadie quisiera que, en la llegada a la primera curva, le saltara por detrás del BMW de Kubica (3er lugar) un Ferrari endiablado que buscara por fuera a Lewis y, sin golpearlo mucho, le hiciera un daño irreparable. ¿Pensó usted en Raikkonen?, no tiene perdón de Dios. De antemano se sabe que Kimi no anda muy de buenas con el equipo escarlata, pero, una manita ni al peor compañero de equipo se le puede negar. Siempre ocurre la desgracia que la ley de Murphy se apodere de las carreras cruciales. Los momentos históricos, terminando en el naufragio del anticlímax. Por ejemplo: lluvia desde el viernes. Calificación empantanada. Carrera con chubascos intermitentes. Errores en los pits y el triunfo se queda en manos de Kimi Raikkonen. Masa y Hamilton abandonaron. Carrerón de Heidfeld… Y, pues, también puede salir el sol. Tarde, pero a fin de cuentas saldría para alumbrarle un poco la oscuridad al doliente. Un escenario probable es que Kovalainen salga a marcar el ritmo de carrera, vuele durante toda la primera mitad y, detrás: Raikkonen, Hamilton y Masa. El finlandés de Ferrari podría anhelar un bloqueo contra Hamilton, pero este se concentraría mucho más en mantener a raya a su enemigo brasileño. Un verdadero torniquete. De espectáculo, ni hablamos. Así no está funcionando la F-1 de la actualidad. Necesitamos un factor revulsivo. Alonso, Rosberg, Heidfeld, Kubica, Trulli, Glock, ¿por qué no? Vettel y Bourdais jugarían, en todo caso, para la casa del Cavallino. ¡Vaya!, cualquiera que quisiera entrar a destrabar el nudo de los protagonistas por la corona y que saliera a entregar sangre en Interlagos. Suena lindo, pero, tendría, inevitablemente, que pasar por… ¡Los finlandeses! Ninguno de los enlistados, ni sus autos, tienen con qué entrar a la contienda entre los cuatro grandes. No, al menos, sin que algo raro ocurra. Que se repitan las condiciones para el doblete de Alonso, o que los BMW funcionen en la recta de la tribuna muy por encima que todos los demás para lograr reducir la distancia, o bien que Toyota nos adelante a todos el anhelado regalo navideño. Cualquier cosa. Parece ser el destino, antes que todo esto pudiera ocurrir, hay un finlandés por delante. ¡Feliz Gran Premio de Brasil! |