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Óscar Schmidt, el origen del Dream Team

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Óscar Schmidt, el origen del Dream Team

Óscar Schmidt, el origen del Dream Team

El brasileño la rompió en los Olímpicos de 1988 y logró un triunfo que derivo en el nacimiento del Dream Team norteamericano

Hablar de Óscar Schmidt es hablar de un hombre competitivo, ganador y con algunas marcas que los grandes jugadores de básquetbol quisieran.

El brasileño arrancó su carrera en el baloncesto en 1974 y jugó hasta los 45 años. Alternó equipos entre su país y Europa hasta su retiro en 2003. Pero su punto máximo lo alcanzó en la Selección Brasileña, donde consiguió uno de los triunfos más importantes para su equipo nacional, que derivó en el nacimiento del Dream Tean de Estados Unidos.

Era el año de 1987, Brasil enfrentaba a los norteamericanos en la final de los Juegos Panamericanos, en un partido celebrado en Indiana, casa del equipo de las barras y las estrellas. Estados Unidos pintaba como favorito, pero muchos hablaban de un jugador brasileño capaz de derrotar al equipo local.

Él era Óscar Schmidt. La leyenda urbana que se hizo realidad ese día y con sus 46 puntos ayudó para que los brasileños le pusieran final a una racha de 34 triunfos de los norteamericanos y la primera derrota como locales en un encuentro internacional.

"Ese partido fue la mejor parte de mi vida porque le demostramos al mundo entero que era posible derrotarlos. Y temíamos perder por 50. Ese día nació el Dream Team", recuerda. Tras esa derrota, Estados Unidos estudió la posibilidad de incluir jugadores profesionales en el equipo nacional, decisión que se tomó definitivamente luego del bronce en Seúl 1988.

Precisamente en esos juegos, Óscar entró al libro de los récords: se convirtió en el jugador con más puntos en un partido de los Juegos Olímpicos: 55 contra España. Además es el líder encestador olímpico con 1.093 puntos, casi 800 más que Carmelo Anthony, quien se convirtió en el líder histórico del equipo de Estados Unidos en Río 2016.

De acuerdo a algunos cálculos estimados, anotó unos 49.000 puntos en su carrera, unos 11.000 más que el máximo anotador en la historia de la NBA, Kareem Abdul-Jabbar. Solo le quedó una cuenta pendiente: jugar en la NBA, pero tiene sus humildes razones.

"Muchos se preguntan por qué nunca jugué en la NBA. En 1984 los New Jersey Nets me drafearon, en la sexta ronda, el nº144. Esto fue tras los Juegos de Los Angeles. Me dije, voy allí y les enseño lo que se pierden. Entrene una semana y jugué cinco partidos. Dos ante Charles Barkley. Me defendió y nunca me hizo falta. Le dije al entrenador, gracias por draftearme, anotaré un punto por cada minuto. Él se quedó pensando, ¿quién es este? Y anoté un punto: 25 minutos, 25 puntos. Me ofrecieron un contrato garantizado y les dije: gracias pero si juego aquí un partido no podré volver a jugar con mi equipo nacional. Esa era la normativa por si la gente no lo sabía".

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