Luis Fernando el 22 de febrero de 2012 a las 01:35:53 hrs
México. Corre con ritmo frenético. Gana. Convence. Tramita los partidos con autoridad. Golea, gusta. Roba la Copa Libertadores, eleva la esperanza y se desploma con la duda. ¿Será Cruz Azul Campeón este torneo?. Lo de siempre. La misma pregunta. ¿Podrá La Máquina pulverizar la sequía de 14 años sin título?.
El aficionado celeste promedio afirma que no. Se enfunda en la más pura de las desconfianzas cuando habla del equipo cementero. Tiene miedo. Es precavido. Activa el mecanismo de defensa como un reflejo proporcional a las vacunas anímicas que han minado su optimismo. Le duele y se defiende. Entonces no se arriesga, porque no desea ser herido otra vez.
Otros tantos seguidores se despojan de los pudores y le gritan al mundo que están confiados y motivados por repasadas como la vista ante el Deportivo Táchira.
En esa bipolaridad el futbolista es el proveedor de repuestas; tiene la programación emocional de ser Campeón y por eso entiende que la exigencia de la copa es tan clara como que para jugar futbol se necesita una pelota.
Para algunos es de muy mala educación llegar a tantas Finales y perderlas todas. Bien raro.
Para otros, acceder a tantas instancias finales locales, de manera tan contínua y durante tanto tiempo, es retar las leyes del conformismo.
A veces Cruz Azul viaja en el tiempo, sólo para agarrar un Subcampeonato del pasado, regresarlo al futuro y amargarte el presente.
Una vez más Cruz Azul quiere y debe averiguar si puede, aunque para ello deba ganarle al rival, al entorno y a sus propios fantasmas...
POR FELIPE MORALES
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