No me vengas a ver la cara
Posteado por Hector Vieyra Hernández, el 10 de agosto de 2010 a las 05:33:15 hrs.
Pretender el odio ajeno es absurdo
Por: Miguel Ángel García
Nadie, en sus cinco sentidos, o en un apenas justo equilibrio emocional, desea ser blanco de insultos que de tan enredados parecen artesanales. Así que quizá me arriesgo de más, pero el tema es algo que me ha dado vueltas desde que me dijeron, con esa suficiencia del que todo lo sabe: “pero en la final de la Libertadores sí le vas a la Chivas… ¿verdad?”.
Tuve dos opciones: afirmar apenas con la cabeza, dejar el tema por la paz, y pasar a cualquier otra cosa; o hacer lo que todo caballero debería, aún cuando en ello invierta su tranquilidad y cordura: responder con la verdad.
“No. Por supuesto que no. Es muy sencillo: Le voy al América y por un sin fin de razones no negociables, va contra ciertos principios que tengo apoyar al Guadalajara”, dije. Me miraron (ambos, aficionados recalcitrantes de las Chivas) y con un gesto que velaba un sonoro recordatorio, me hicieron la pregunta que yo esperaba no me hicieran: “¿Pues qué no eres mexicano…?”. Toma. Se fregó la cosa.
Y me explico. Pertenezco a cierta clase de personas (creo que somos pocos en realidad) que no encontramos nada divertido en el nacionalismo futbolístico, y en el fanatismo idiota.
Entiendo la afición al futbol como un acto personalísimo en el que te identificas con un equipo, con un sistema, con ciertos jugadores, que lo disfrutas y te emocionas y quizá hasta alguna tarde llorarás, pero nada más. En la final de la Libertadores que perdió el Cruz Azul, yo quería el triunfo de los celestes porque detesto un grado más al Boca Juniors que al mismo Cruz Azul.
Es un juego de lealtades, y mi cariño se lo lleva el más querido o el menos odiado…
Me explico mejor. En los mundiales de clubes donde el Pachuca ha hecho un sonoro ridículo, siempre me alegro.
El futbol es pasión, y la pasión conoce de enemigos y rivalidades, y a estas alturas de la vida la hipocresía, más que un vicio, me parece una forma lamentable de descortesía.
Esta final de la Libertadores me resulta de lo más indiferente. Ha sido un torneo roto por la mitad a causa del Mundial, y eso le ha restado (se acepte o no) muchísimo interés. Al menos a mis ojos, y eso es lo importante. A últimas fechas, de las Chivas me interesaba el Chicharito, pero él ya no está. También siento afinidad emocional por el Guadalajara (motivos absolutamente afectivos), pero no implican que yo deba desear con fervor guadalupano el triunfo de las Chivas en la final de la Libertadores.
Y quien diga que será bueno para el futbol mexicano un título continental de las Chivas, yo le diré que quizá. ¿Y? .
Simplemente no me interesa. Y eso no creo que me haga un mal mexicano, y ni siquiera un mal aficionado. Insisto: el nacionalismo, en la mente de gente desequilibrada, acaba siempre mal. No te arriesgues a juzgarme por no apoyar a las Chivas contra los brasileños, bajo el tamiz engañoso de: es un equipo mexicano contra el mundo.
Porque no es así. Que gane quien juegue mejor, quien lo merezca más, y que sinceramente lo disfrute quien lo vea. Detestar de corazón es un deporte saludable y yo amo el futbol y detesto a quien se cuelga de él por motivos que van más allá del césped y la pelota.
Si pierden las Chivas no me sentiré mal, ni menos mexicano. En realidad disfrutaré la frustración de Vergara, del Bofo, de Bravo, del Venado y de Michel, y tú no me vengas a joder con tu nacionalismo.
En todo caso, esperaría tus argumentos.
twitter.com/laplumadelpoyo
Esta es una opinión de autor, más no la de TV Azteca
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