Por: Juli Gana
No cabe duda: para vergüenzas los mexicanos nos pintamos solos.
Ya se ha hablado mucho del tema de los uniformes que fueron proporcionados a los atletas de la delegación azteca y de los problemas que han representado para ellos la mala calidad y el pésimo desempeño de las telas empleadas para su manufactura por parte de la marca patrocinadora.
El último roto y descosido resultó ser José Everardo Cristóbal, quien en la prueba de Canoa de una plaza (C1), salió a la pista con un parche sobre la marca y con una tremenda rotura en el cuello.
¿Por qué tenía desgarrada la vestimenta?
Luego de que el ciclista Moisés Aldape fuera tan solo la punta del iceberg al utilizar otra vestimenta a la que pegó los parches de la marca así como del Comité Olímpico Mexicano, las evidencias de esta triste realidad han ido apareciendo una y otra vez en diferentes disciplinas como el voleibol de playa, el box, y ahora en canotaje.
Lo indignante del caso de Aldape es que tras la competencia, tuvo que ofrecer disculpas a la marca por el daño que pudo haber causado luego de declarar que no era la apropiada para ofrecerle un rendimiento óptimo en una prueba tan demandante debido a las altas temperaturas y al sudor extremo.
Al caso de Aldape siguió el de las voleibolistas de playa, Mayra García y Bibiana Candelas, de quienes se aseguró tuvieron que pedir prestado un uniforme a las alemanas para no quedar descalificadas en el primer juego por no contar con el que se había registrado. Sin embargo esto fue desmentido posteriormente por el sub-jefe de misión, Jorge Camacho argumentando que todo había sido un malentendido.
A título personal esta cuestión me hizo recordar los momentos en que nuestras madres seguramente nos hicieron la pregunta: ¿Qué no te da vergüenza ir con los pants todos rotos a la escuela?
Supongo que a muchos no nos causaba mayor conflicto… pero está de más decir que no es lo mismo ir a restregarnos las rodillas en el recreo que ir a la máxima justa deportiva con una imagen que de por sí queda manchada por el mediano desempeño individual.
En este momento no vamos a criticar los fracasos deportivos… Este texto va más bien dirigido a todas esas personas de pantalón largo y lengua más larga aún… que “nomás” se andan paseando y “dizque” apoyando y supervisando las necesidades de nuestros deportistas.
¿Pero cómo van a brindar un respaldo adecuado si ni siquiera se puede garantizar la distribución oportuna y eficaz del elemento básico de competencia?
Desde antes de partir rumbo a Beijing hubo quejas por parte de Luz Acosta por costuras que no le permitían sentirse cómoda al momento de levantar las pesas; por su parte los boxeadores afirmaron que los tenis proporcionados les provocaban ampollas; y ya desde los Juegos Panamericanos en Río de Janeiro el año pasado se conocían los defectos en la ropa que terminó despintándose y descosiéndose con el uso.
Siendo tan pocos atletas en la delegación nacional ¡APENAS 85! ¿Por qué se invierte tan poco dinero para garantizar la comodidad y el buen desempeño de los deportistas?
¿Qué de plano no les alcanza para más? ¡Ni que trajéramos a los chinos o a los gringos que se cuentan por centenares!
¿Por qué no “pellizcarle” un poquito más a esos recursos para mejorar la calidad?
Es una historia de nunca acabar que los federativos emplean los fondos de manera desafortunada por no insinuar que de modo sospechoso van a parar a las arcas de los burócratas que ya tienen la cara dura de tanto hacer frente a las derrotas.
¿Porqué son nuestros jóvenes atletas los que tienen que ir a hacer el ridículo?
Si esto pasa con los uniformes lo mejor será no hablar de las carencias que han acusado aspectos más importantes como lo son los cuidados médicos, las instalaciones deportivas, el seguimiento de carreras, el correcto entrenamiento, el fogueo, etc etc etc etc…
Dicen que la ropa sucia se lava en casa…
¿Pero qué pasa cuando la ropa se destiñe, se rompe, se desgarra y nomás no se le quita la mugre?
Tal vez sólo es la triste y decepcionante confirmación de que la propia Lavandería es una verdadera pocilga llena de ratas y cucarachas.